Ocupar el cuerpo para concentrar mejor la mente – Itinerario nacional n°3: Sendero panorama alpino – Etapa 3

This article is not available in EN.

Available translations: Français (FR) | Español (ES) | Deutsch (DE)

This article is not available in your preferred language. Available in: Français, Espagnol, Allemand

(Las fotos son del día y no están necesariamente relacionadas con la historia)

Tengo que contarles: esta mañana me puse en marcha tarde. A las 9 horas, durante mi desayuno, seguí una primera conferencia telefónica. Luego trabajé hasta las 11 horas, hora en que debía comenzar la siguiente reunión. Fue entonces con los auriculares puestos que me cargué mi equipaje y me puse en camino. Sorprendentemente, estuve mucho más atento al contenido de la reunión. Mientras que habitualmente mi cerebro hiperactivo encuentra rápidamente con qué ocuparme durante una reunión, y me hace perder la concentración necesaria, caminar me permitió mantenerme conectado con lo que pasaba en los auriculares. Es un hecho conocido hoy en día: desplazarse durante una conversación, una reunión, una lluvia de ideas, favorece la concentración y la productividad. Experimentarlo fue extraño e interesante.

Cuando estaba en la escuela, siempre tenía gadgets en las manos durante las clases: juguetes, regla, lápiz, bolígrafo, goma, algo con qué jugar con mis manos y dedos, lo que me valió numerosas horas detrás de la puerta y muchos objetos confiscados por mis profesores. Les molestaba. Sin embargo, en 2017, cuando acababa de unirme a Nutanix, me encontré en una formación de dos días. Y allí, sobre las mesas, la formadora había colocado pequeños accesorios idealmente concebidos para que no pudiéramos resistir a tomarlos y manipularlos en todos los sentidos. Curioso, pregunté si iban a ser útiles para algún ejercicio. Entonces me respondió « No. Algunas personas logran concentrarse mejor cuando pueden ocuparse en otra cosa al mismo tiempo. » ALELUYA, EL MUNDO EVOLUCIONA. Seamos honestos, sigue siendo excepcional, pero demuestra que algunos buscan hacer las cosas correctas. Va muy bien con el camino que Nutanix intenta tomar con su cultura. Camino difícil si los hay pues exige a cada uno cuestionar sus creencias, profundamente arraigadas, según las cuales quien hace otra cosa que estar inmóvil no está atento. Por cierto, en Nutanix, algunos pisos están equipados con cintas de correr para permitir a la gente hacer sus conferencias telefónicas caminando… Era antes del confinamiento, pero el principio está ahí.

Durante este periplo, hay que lidiar precisamente con esa vocecita que dice « eso no se hace… pasearse trabajando ». Es mi mayor desafío. Vivimos en una sociedad infantilizante con ideas arcaicas de la jerarquía y la productividad, y sé que si este pensamiento me atraviesa la mente, no es completamente culpa mía, sino el reflejo de nuestra cultura del aprendizaje y del trabajo.

El desnivel del día era importante. Desde Appenzell, a 780m, subí al Kronberg a 1670m para bajar al Schwägalp a 1280m. Uno de los desafíos del día era encontrar un lugar resguardado para poder trabajar por la tarde. Los senderos suizos son maravillosos. Se encuentran numerosos restaurantes, chalets de alpages, y tuve la suerte de encontrar uno donde incluso pude enchufar mi ordenador. Pues cuando uno es nómada, ese es el próximo desafío: tener suficiente energía consigo para hacer su trabajo, o saber dónde encontrarla en el camino. Por supuesto, el restaurante de alpage es casi el lujo. Lujo que, lo admito voluntariamente, aprecié mucho. Pero sentado en un campo, al abrigo del viento, también funciona.

El otro desafío (bueno, uno de los otros desafíos… finalmente, este artículo está lleno de ellos), es la comunicación. En efecto, en estos tiempos donde todo se hace en línea, tener una buena señal para las llamadas y para internet es indispensable si se desea conciliar trabajo y desplazamiento. Es pues necesario cuidar de tomar caminos en los cuales la cobertura esté asegurada, o planificar su trayecto en función de sus necesidades de comunicar. Es entonces con estos nuevos parámetros que continúo mi camino del panorama alpino. Verifico mi agenda la víspera, controlo mi recorrido, la cobertura, y el relieve, pues este tiene importancia. Cuando las etapas son de 10 a 12km, es menos problemático. Es bastante fácil caminar 4h en el día, y detenerse sea por la mañana y la tarde en el hotel, sea (o igualmente) algunas horas en el día. Cuando el trayecto es de 15 a 20, incluso 25km, es otra historia, y creo que será muy complicado conciliar ambos en etapas largas. Habrá que tomar una decisión: Dividir las etapas largas, o hacerlas el fin de semana. Hasta ahora, aún no es un problema.

Al partir de Appenzell, o más bien después de dos buenas horas de subidas, tuve la sorpresa de constatar que contrariamente a lo que pensaba ayer, aún veía el lago de Constanza. Sin embargo es lógico. Desde Rorschach, voy cada vez más alto. No hay pues por ahora ninguna montaña entre mis puntos culminantes y el lago. Creo que eso cambia mañana.

Los senderos suizos son extraordinarios. Son caminos para viajar en el tiempo. La simple observación de los paneles de señalización nos lleva a través de las edades. De la madera (no en este recorrido), hemos pasado al acero moldeado, la chapa estampada a veces, luego la placa galvanizada e impresa, para finalmente terminar con una simple placa lacada sobre la cual se pegan etiquetas y letras. Inútil decir que desde el punto de vista de la durabilidad, estos últimos son los primeros en perder al peatón. Es la lógica de nuestro mundo moderno. Hacer que dure ya no tiene importancia. Primero debe ser barato. Hay tantos paralelos que hacer. Haré solo uno: cuando pasamos de la telefonía fija analógica al todo IP, la telefonía por internet generalizada, todos constatamos hasta qué punto la calidad de las comunicaciones a menudo ya no estaba a la altura. Sí, mi cerebro hace paralelos extraños.

El camino del día me llevó entonces a un punto culminante, el Kronberg, desde donde pude admirar el lago de Constanza de un lado, y el Säntis del otro. Atravesé las edades, no solo observando los paneles, sino también los senderos, ya sea en madera vieja descompuesta, ya sea en cemento o en grava apisonada, yendo a la derecha de los abetos para uno, a la izquierda para el otro. Incluso pude ver en un bosque cuatro o cinco vestigios de senderos, todos llevando al mismo lugar, cada uno por un paso diferente a medida que la situación se degradaba.

Lo que impacta cuando se llega al pie del Säntis, son las rocas esparcidas, numerosas, vestigios de muy antiguos derrumbes de la montaña y los chalets de alpages y otras granjas y establos dispersos en este decorado improbable. Lo que impacta aún en este paisaje, es que no se ve Schwägalp. Es imposible imaginar lo que espera al paseante al final del recorrido. Pues lo que más impacta al llegar al Schwägalp, a 5 minutos del final del recorrido, es el edificio de antaño, hotel de otro tiempo, quizás. Luego lo que impacta finalmente, una vez llegado a dicho edificio y superada su fachada, es descubrir un hotel moderno, gigantesco, digno de las más grandes ciudades, puesto ahí, en medio de ninguna parte, frente a esta montaña tan imponente como majestuosa y que en 20 años, en 50 años, en 100 años arrojará inocentemente una pequeña piedra… oh, nada muy malvado… del tamaño de un pequeño edificio o quizás dos…

Caminar al pie de la montaña tiende a poner en su lugar mi condición de pequeño ser frágil y efímero sobre esta piedra suspendida en el espacio…

Laisser un commentaire

Votre adresse e-mail ne sera pas publiée. Les champs obligatoires sont indiqués avec *

Ce site utilise Akismet pour réduire les indésirables. En savoir plus sur la façon dont les données de vos commentaires sont traitées.